Tras el incidente "que le puede pasar a cualquiera",
que ya viñeteé el otro día, Casimiro Curbelo nos brindó con una rueda de prensa en la que
su versión no se parecía en nada a la conocida por los medios:
Las versiones de
los testigos y de la policía no dejaban en muy buen lugar al senador ni a su hijo. El atestado policial descubría actitudes chulescas y caciquistas dignas del mejor Torrente.
Aunque desde muchos ámbitos se pedía su dimisión, Curbelo seguía agarrado a las sillas. Parecía que había recibido clases del maestro:
Sin embargo, la
presión socialista del PSOE de Ferraz le obligó a
dimitir del Senado. Esta posición de los socialistas madrileños dista mucho de la de los canarios. El
mutismo de Pérez y el
apoyo de Saavedra nos dejan claro que cuanto más roce más cariño...y menos decencia.